En las noches calurosas de verano cuando la humedad impregna el aire, no es fácil conciliar el sueño. Pero los coreanos de antaño lograban dormir en esas noches tendiéndose sobre una alfombra de junco, junto con una "esposa de bambú", una estructura cilíndrica de tiras de bambú entretejidas, al lado.
El "dotjari" es una alfombra de verano tejida con finas tiras de junco. Las mismas son suaves y frescas al tacto, además de ser absorbentes y de rezumar un halo marcadamente oriental. Otro aspecto notable es su conveniencia, ya que el dotjari puede ser transportado a cualquier lugar, y en cualquier lugar en que se lo despliega, se crea una habitación. En efecto, los académicos de tiempos antiguos iban indefectiblemente acompañados en sus salidas por muchachos jóvenes cuyo trabajo era transportar el dotjari, de modo tal que se pudieran crear habitaciones bajo un árbol, junto a un río, o en cualquier sitio en el que pudieran disfrutar de sus refinadas tareas.
El dotjari no funcionaba simplemente como una alfombra, sino que era considerado como una pertenencia personal de su usuario. Por ello hubo un tiempo en que era tabú que un hijo usara el dotjari de su padre, y si alguien moría en la guerra o lejos de su hogar, de modo que el cuerpo no podía ser devuelto a su casa, el dotjari del difunto era enterrado en lugar suyo.
En las noches calurosas de verano, acostado sobre un dotjari desenrollado sobre el piso de madera de una habitación de una casa tradicional coreana, con una esposa de bambú al lado, es fácil conciliar el sueño, olvidando todos los problemas.

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