La camelia personifica un sentido idealista de integridad y honor humanos.
Es admirada también por su gracia y esplendor sin adornos.
Esta integridad idealista y gracia natural hacen a la camelia aun más bella.

La camelia común (Camelia japonica) es un pequeño árbol subtropical que se halla en todo el este asiático. Abundante en China y Japón además de en Corea, la camelia está estrechamente relacionada con la planta del té (Theasinensis var.Bohea). De hecho, hay en las zonas subtropicales de Asia 82 especies relacionadas con la camelia y el árbol del té, sumando unas 2.000 variedades.
La camelia fue introducida en Europa en 1739 cuando el misionero checo George Joseph Kamel reunió algunos ejemplares en su viaje por el este asiático. Pronto se hizo popular en los círculos sociales franceses, y se denominó al árbol Camelia, en su honor.
En Corea, la camelia es original de la región costera del sur y de las islas cercanas. La Isla Daechong-do, en la costa de la Provincia Gyeonggi-do del Norte es el punto de origen más septentrional de los árboles en la costa este. Más al interior, hay un bosquecillo de 800 árboles conocido como Colina de la Camelia, en Sochon-gun, Chungcheongnam-do, pero se cree que los árboles fueron plantados allí hace unos 400 años.
Carácter marino
Hay un buen número de famosos bosquecillos de camelias en la parte sur de la Península Coreana, lo cual testifica el carácter marino del árbol. Entre ellos los más espectaculares están en las islas de Odong-do, Komun-do, Hong-do y Huksan-do, en la costa de Jeollanam-do y en el mar de la costa de Ulsan, en Gyeongsangnam-do. Según una leyenda del lugar, los bellos bosquecillos de camelias de Odong-do crecieron sobre la tumba de una bella mujer que se ahogó al huir de un atroz bandido. Se dice que la belleza del árbol proviene de esa legendaria doncella.
Las camelias son muy comunes en Yangsanbong, "Pico del Sol", en la parte meridional de Hong-do, en el Mar Amarillo, en la costa de Mokpo. Hong-do es más bella cuando las camelias están en flor. Desafortunadamente, los residentes de la isla cortaron muchos de esos árboles para hacerse con leña en décadas recientes.
Mok-do, literalmente "Isla del Ojo", cerca de Ulsan, en la costa este de Corea, a veces es denominada "Isla de las Camelias" (Chun-do) por sus exuberantes bosquecillos de camelias. Komun-do, en la costa meridional, es bastante grande y está cubierta de camelias. En invierno, la isla queda inundada de flores rojas que flotan sobre el profundo azul del mar.
Hay muchos templos famosos esparcidos por el monte Chirisan. Yon-goksa y Chon-unsa son el hogar de varios árboles de camelias que se supone son muy viejos. La camelia luce bien en los templos por sus flores, que siempre parecen caer antes de tiempo, siendo un reflejo de la concepción budista de la transitoriedad de la vida.
La suave pendiente detrás de Todong, el principal pueblo en Ullung-do, está cubierto de camelias. Bellísimas flores rojas se unen a la mágica atmósfera de la isla de origen volcánico, que se eleva donde convergen las heladas aguas del norte y las cálidas corrientes del sur. El contraste de la blanca nieve que hay en la cima de los picos volcánicos de la isla y las brillantes camelias rojas es especialmente llamativo.
Las camelias de Ullung-do absorben el brillante sol del mar con sus anchas y lustrosas hojas. Quizás por ello se solía colocar una rama de camelia y bambú en los altares de boda tradicional, como un símbolo de las esperanzas de la nueva pareja de tener una vida de eterna alegría bajo los cálidos rayos del sol.
Símbolo del invierno
Las camelias han sido parte de la vida coreana durante siglos. En "Aprendizaje Práctico" (
Shirhak), el erudito Chong Yag-yong (1762-1836) escribió elocuentemente sobre el árbol y sus espléndidas flores. Las camelias que florecen en primavera se denominan chunbaek (literalmente "camelia de primavera") y abundan en el monte Taedunsan, en Jeolla del Norte.
La camelia es parte de la psique coreana, de la experiencia coreana. Sus flores hacen un sonido cuando caen, pero el silencio que sigue es un recordatorio de cuán rápido pasa el tiempo. Para los coreanos, la camelia es un símbolo del invierno. Personifica la belleza que supera el frío y la adversidad. Representa un sentido idealista de la integridad y el honor, soportando con firmeza los rigores del invierno. También es admirada por lo que podría denominarse su belleza desnuda, su gracia y esplendor crudos.
Es difícil hallar un sentido de paz y quietud en primavera, con la llamativa forsythia, albaricoque o cerezo en flor, pero hay una silenciosa tranquilidad en la camelia, que combina el esplendor con la calma.
Fertilidad y prosperidad
Sin embargo, la camelia se considera a veces como un árbol aciago porque sus flores caen en grandes grupos, en vez de pétalo a pétalo. En la sociedad tradicional, la gente creía que espíritus malignos vivían dentro de la flor de la camelia y cuando la flor caía, los espíritus demoníacos morían con ella. Ello resulta un poco extraño e ilógico. Dado que la imagen de una flor cayendo al suelo simbolizaba el final de una vida, una especie de caída, el pueblo coreano parece haber considerado a la camelia como un homenaje al espíritu de los fallecidos.
Por otra parte, la camelia también simbolizaba fertilidad y el nacimiento de muchos hijos, y se creía que ayudaba a que las mujeres quedaran embarazadas. La gente creía que si una mujer era azotada en el trasero con una rama de camelia, tendría un hijo varón.
Con sus muchos significados, el árbol de las camelias continúa desafiando el frío del invierno para florecer brillantemente en el espíritu coreano.

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