AUTORRETRATO DE YUN DU-SEO

En Corea, la pintura de retratos tuvo su origen en la veneración de los antepasados. Al principio, los reyes y los funcionarios gubernamentales de alto rango eran los que más eran retratados. Pero para la época de la Dinastía Joseon (1392-1910), los retratos se habían vuelto ampliamente populares entre la clase culta, que creaban imágenes de sus ancestros según sus propias preferencias artísticas. Jeonsinsajo, la producción de "réplicas exactas" a fin de "transmitir el verdadero espíritu" de la persona, fue el estándar del retrato.
Yun Du-seo (1668-1715), un representante líder de los intelectuales de su tiempo, era un notable académico además de pintor. Su autorretrato se destaca de entre las obras de pintores profesionales por su realismo altamente expresivo, que parece traer a la vida el carácter espiritual del sujeto simplemente modificando el tono del color.
Los ojos miran de frente hacia adelante, como si Yun estuviera observando un espejo, mientras que los labios estrechamente fruncidos sugieren el poderoso espíritu que poseen los intelectuales. La barba, con cada punta de pelo dirigida rígidamente hacia afuera como llamas que arden, es una manifestación de la voluntad libre, pero disciplinada, del pintor. El rostro de Yun refleja las penas personales que experimentó a través de su vida. Esta pintura es mucho más que un simple retrato de un individuo; es una obra de arte que constituye un tesoro de la pintura de retratos coreana.

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