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LAMPARA DE PEAKCHA

En el pasado, cuando la electricidad era todavía un bien poco común, todos los hogares coreanos, tanto en las áreas urbanas como en las rurales, utilizaban una lámpara por la noche, independientemente de si se trataba de familias ricas con casas con techos de tejas o de plebeyos con viviendas con techos de paja. La lámpara solía ser colgada de una pared o colocada sobre una mesa. En una típica noche de invierno, las madres se sentaban junto a una pequeña lámpara y se dedicaban a los quehaceres domésticos, mientras sus hijos leían en voz alta y clara - una escena que a muchos coreanos les trae sin duda a la memoria nostálgicos recuerdos de su hogar.
El fuego significa purificación, vida, exorcismo de los malos espíritus, pasión y recreación, connotaciones que se originaron de su luminosidad y calor. El encender un fuego disipa la oscuridad y aleja los malos espíritus, anunciando así un nuevo comienzo. Es posible incluso soñar con un gran comienzo para este nuevo milenio a partir de una pequeña lámpara, gracias al carácter esperanzador del fuego.
Las lámparas estaban hechas de diversos materiales incluyendo madera, piedra, metal y porcelana, siendo las mechas hechas de papel de morera, algodón o trenza de cáñamo. En cuanto al combustible, se utilizaba tanto aceite vegetal como animal, incluyendo aceite de maíz, aceite de sésamo y aceite de pescado. Las lámparas tradicionales coreanas que usaban esas clases de aceite tenían típicamente la forma de pequeños platos o recipientes, con las mechas en los bordes para que fueran fáciles de encender. Las lámparas con un soporte de mimbre, que servía también para cubrirlas, fueron usadas luego de que empezara a utilizarse el kerosén.

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